Para
Octavio Ocampo, la pintura es una fuente de placer no sólo
intelectual, sino plástico, pues no duda en afirmar tras su
mirada profunda y verde, que antes que nada está interesado
en ser generoso con el espectador de sus metamórficas figuras;
tal parece que intenta a toda costa que quien mira su obra se olvide
del hastío.
A
Partir de sus inicios académicos, Ocampo transitó
hacia la creación de un estilo pictórico propio sin
grandes crisis, dejándose llevar por su natural inclinación
lúcida hacia los ámbitos misteriosos y las ilusiones
ópticas que le fascinan desde temprana edad, desde que se
dio cuenta de las gestálticas formas son inestables, caprichosas.
Por eso fue escenógrafo, por eso es muralista,porque le embelesa
la trampa, el juego visual... Por eso cuenta con una larga lista
de exhibiciones alrededor del mundo.
El
simulacrum...
El
trompe l'oeil, el engaño al ojo que fundamenta
en teoría el interés principal de Ocampo, tiene una
larga tradición dentro de la historia del arte. No solo se
remonta a Arcimboldo y sus transubstanciaciones formales, sino que
hunde las raíces hasta el corazón de la pintura romana,
aquella que solazaba co simular puertas, paisajes y elementos decorativos
dentro de la arquitectura doméstica. No obstante el trompe
l'oeil pocas veces se ha considerado como género independiente
en la historia de la pintura; tal calificativo se aplica únicamente
a la obra que promueve la sensación de que intenta deliberadamente
engañar al espectador mediante un artificio que hasta cierto
punto es antipictórico en este caso. A partir de ello, podemos
considerar la pintura de este maestro como una verdadera aportación
al arte de nuestros días.
"Hasta no ver, no creer", se podría decir ante
la descripción en palabras de cualquiera de las obras de
este maestro de la ilusión, quien por eso ha logrado la admiración
de célebres coleccionistas, tanto mexicanos como estadounidenses,
entre ellos varios ex mandatarios. Sus creaciones artísticas
de caballete y sus diversos murales son prodigios de ingenio, desplegados
de creatividad. Son para verse y gozarse, más que para describirse
o conceptualizarse demasiado.
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